Toma Café

Soy una adicta al café desde que puse un pie en la facultad. Hasta entonces, solo había tomado la típica leche amarillenta de vez en cuando. La cosa no mejoró mucho en cuanto a calidad. El pseudocafé de 40 céntimos del bar era puro laxante y el de la máquina una masa de azúcar parda, pero la costumbre se quedó conmigo y sospecho que será una relación duradera.

He tomado buenos cafés, algunos permanecen en mi memoria sensorial, como ese ristretto en la terraza del Caffè Sant’ Eustachio en Roma. Era denso, aromático, escaso, un poco de cielo para el paladar, lo justo para saber que ese placer es la excepción y no la norma. En España el café es bastante malo. Hay que reconocerlo para, al menos, no convivir con la decepción a diario.

Toma-Café-Madrid

Pero hoy no hablamos de decepción, hablamos de un oasis cafetero en Madrid. Se llama Toma Café, está en la calle La Palma y el local es como un buen espresso, pequeño pero con personalidad. Varios baristas se alternan tras la barra y el resultado siempre es inmejorable. También tienen un buen grano y una máquina italiana, Marzocco GB5, que ruge como un Ferrari.

Pocas veces se habla de la leche pero, si es más de la mitad de una taza, es tan importante para el resultado final como la calidad del café. En el Toma Café utilizan leche fresca Priégola y se nota. Los cafés más grandes se sirven en botes de cristal con tapa que son más cómodos de lo esperado.

Recomendamos el espresso para los más cafeteros, el café con leche para cualquiera y el iced caramel para los más golosos. Y, si puede ser, mejor acompañado por la repostería casera que suelen tener: cookies, brownie, tarta de zanahoria… Es el mejor café que puedes tomar en Madrid y es más barato que cualquier cosa de la marca de la sirenita verde.

PD: ¡y encima son fans de las bicis!

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